A finales del siglo
XIX inicios del XX se produce un gran salto tecnológico en la construcción,
separando las funciones estructurales y de cerramiento.
Este cambio afecta directamente a los revestimientos pétreos de
las fachadas, se dejan atrás los muros portantes de un solo material
“fachadas de mampostería o sillería” y aparecen
los revestimientos con placas mecanizadas de escasos centímetros
de espesor.
Estéticamente,
intentan aparentar a las sustituidas fachadas de piedra maciza y es en
este momento en el que se plantea la necesidad de la utilización
de los anclajes, para hacerlas solidarias a los muros de cerramiento,
juntamente con mortero de agarre.
Se utilizan anclajes sencillos ya que éstos tienen como función
las de retener el vuelco de las placas y son por lo general alambre conformado
y acero al carbono, acero galvanizado, etc.
Después de
los '70 se plantea la necesidad de liberación de las fachadas,
que a pesar de seguir siendo dependientes de la estructura del edificio
y/o de las paredes de cerramiento, mantienen una independencia de los
movimientos provocados por las dilataciones de los distintos materiales
que la conforman.
Hoy en día
es una solución constructiva totalmente consolidada cuya independencia
de las deformaciones y de las tolerancias de construcción entre
la estructura/cerramiento y el revestimiento, se plantean con gran calidad.
La fachada moderna
ha tendido progresivamente a hacerse más delgada y la vez más
compleja, comportando un mayor número de capas especializadas.
Los problemas/patologías de las fachadas tradicionales amorteradas
se han resuelto con la implantación de esta nueva generación
de fachadas.
En este sentido cabe
mencionar la contribución de nuestra firma.